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El viernes me levanté y a las 10hs tomé un taxi para ir al cerro El Centinela (me salió $35, lo mismo que un remise). No hay transporte público al cerro.

Lo primero que hice fue visitar la roca que da nombre al cerro. Luego descubrí que, hacia la derecha de la piedra, hay un sendero que desciende hacia otro mirador y vuelve a la emplanada por otro sitio. Hay tiendas de artesanías que también valen la pena. Yo tuve que hacer tiempo porque había llegado temprano para las aerosillas. El horario invernal es: viernes de 11:30 a 17hs y sábados y domingos de 10:30 a 17:30hs.

Finalmente se hizo la hora, compré mi boleto ($ 45 ida y vuelta) y subí a la aerosilla. Buenísimo el paseo!!! Recorre 630 mts en un ascenso de 62 mts.

En la estación superior hay un sendero aeróbico que transita dentro de una cava de cantera abandonada, un bellísimo pinar, un puentecito y finalmente un pequeño surgente de agua (no se decepcionen por el surgente, el bosque señorial y el puente sobre el arroyito compensan lo anterior).

Eso sí, cuidado con los tábanos en la cima.

Nuevamente, las aerosillas y la estación inferior con otra cantera abandonada. Hay una plaza de juegos para niños, un salón de té, una pastelería y un parador con parrilla a leña. Justo en ese parador hay que ir a pedir que llamen un remise para volver. Yo no comí ahí (en seguida se llena así que hay que reservar apenas uno llega) porque deseaba almorzar en el castillo morisco.

En verano hay actividades variadas en el cerro: paintball, cabalgatas, tirolesa, rappel, etc.

Como mencioné antes, tomé un remise hacia el parque Independencia (ahorrándome la subida). Ahora sí supe entrar al restaurant Luz de Luna que funciona en el castillo donado por España. Desde mi mesa podía ver la ciudad. Dicen, sin embargo, que es mejor de noche cuando además hay show en vivo.

No había mucha gente. Pedí el menú del día: $ 55 + bebida y cubierto. Comí una entrada de timbal de arroz, ñoquis caseros con salsa rosa y helado de postre. Ojo que no se aceptan tarjetas ni de crédito ni de débito.

Bajé del parque por Dorrego, el acceso de la fuente de los vascos que da al lago. La otra bajada da a la portada renacentista que regalaron los italianos.

Y empecé a caminar bordeando el lago. Pasé por el manantial Garney que fuera importante antes de la construcción del dique (y su lago artificial) en 1960, el punón mapuche y finalmente ascendí a ver el monumento a Don Quijote y Sancho Panza inaugurado en 2008. ¡Eso fue lo más duro!!! ¡Lástima que el molino ya no tiene las aspas! La obra fue realizada por los artistas locales Alberto Vinsennau, Ernesto Santiago y Gustavo Andersen.

Después del descenso, descansé un rato en el punón mapuche. Quería visitar el mercado artesanal, pero sólo abre los fines de semana. En cambio caminé por el paseo de los españoles que incluye un puente de hierro y un “laberinto” (más simbólico que laberíntico).

Estaba cansada para caminar de vuelta al hotel así que esperé el colectivo en la esquina del mercado artesanal. Esperé una hora. La otra opción era pedir un remise, pero no quería gastar. Preferí sentarme bajos árboles y aguardar al colectivo amarillo 500 que luego me dejó en el centro.

Por último decidí ir al bar Época de quesos, cuya decoración me recordó a un agujero hobbit (sí, soy fanática de Tolkien). El lugar es caro, pero mágico. Luz de velas, vajilla antigua…Era como estar en un cuento de hadas. Viajar a Tandil y no ir a Época de Quesos es casi un pecado mortal.

No hace falta pedir una picada. Yo no soy muy adepta a las picadas (aunque luego me tenté con varios quesos que traje a Baires en pequeñas lonjas) así que no cené sino que merendé allá. Pedí un té especial con una porción de tiramisú. Elegí un té Pálpito (en cajita) de té verde, maracuyá, durazno y jengibre.

Como no tenía mucho que hacer, saqué fotos del lugar (el patio con aljibe también es hermoso) y de la carta. Los licuados no están caros: $29. Tampoco la cafetería. Comer ya es diferente. Las milanesas de queso van desde los $77 a los $95, los lomitos salen todos $95, los omelettes $67, las provoletas van de los $45 a los $79 y el sandwich chacarero está a $97. Lo más importante igual es la picada. Cada picada está pensada para tres personas. Hay una de $155, otra de $310 que incluye milanesas de queso y ensalada y finalmente una de $470, que debe ser sólo para extranjeros.

Como dije, si no quieren gastar, al menos pasen a tomar un café. Me lo van a agradecer!!!

Las mermeladas son mucho más caras ahí que en los locales de avenida Avellaneda.

Al otro día me desperté con lluvia. Igual salí y visité el cerro del Libertador San Martín. Debe ser un lindo paseo cuando no llueve.

Obviamente no pude terminar de conocer Tandil. Vi lo principal, pero me faltó la reserva de la Sierra del Tigre (que muchos me recomendaron, pero que tiene una caminata de 3,5 kms), el camino de los pioneros, el museo de arte y alguna actividad de aventura. En el Valle del Picapiedrero tienen  tirolesa y puente tibetano (Eco Park). Hay cabalgatas, parapente, etc.

Asimismo hubiera querido ir a la visita guiada de la cervecería Quarryman que está en el dique, a la fábrica de alfajores Tandi-Leuquen, el pub Molly Malone del centro y ¿qué es el parque temático de Tandil? Tengo el folleto que dice que tiene réplicas de dinosaurios y que abre los fines de semana, pero no pude encontrarlo por ningún lado. Se supone que mi hotel estaba en la esquina del parque temático…¡nunca lo vi! ¿Estará cerrado?

A las 11:55hs partí en el Rápido hacia Mar del Plata. Los micros pueden durar hasta tres horas, pero el que yo tomé era directo así que tardó menos. Directo igual implica que para en Balcarce.

La ruta de Balcarce a Mar del Plata es espectacular. La bruma entre las sierras me hizo pensar que estaba retrocediendo en el tiempo. No sé por qué pensé en Camelot. Tal vez porque se trata de sierras bajas, similares a las de Gales. Recuerden que las sierras de Tandil pertenecen al periodo precámbrico, por lo cual son unas de las más antiguas del planeta.

Sobre Mar del Plata no voy a contar mucho acá. Fui a visitar a amigos así que no hice mucho turismo. Puramente fiaca y charla.

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Aerosillas del cerro El Centinela.

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