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Al día siguiente, después de desayunar, fui a recorrer la iglesia del Santísimo Sacramento. En realidad quería conocer el museo de arte sacro, pero estaba cerrado por reformas. En vez de eso, visité el palacio municipal que está abierto al público. Recomiendo ir al patio a ver la escultura del ilusionista René Lavand. Muy realista.

Aunque originalmente quería ir en colectivo porque eran varias cuadras, terminé caminando hasta el Monte Calvario, un parque de Tandil que recrea el Via Crucis. El mismo se inauguró en 1943 y contiene esculturas de grandes artistas:

  • Primera estación, escultor José Berna, italiano.
  • Segunda estación, Humberto Eduardo Cerantonio, argentino.
  • Tercera estación, Ricardo Musso, argentino.
  • Cuarta estación, José Berna.
  • Quinta estación, Antonio Sforza, argentino.
  • Sexta estación, Carlos de la Cárcova, argentino (la más bella, para mí)
  • Séptima estación, Roberto Capurro, argentino.
  • Octava estación, José Berna.
  • Novena estación, José Fioravanti, argentino.
  • Décima estación, José Berna.
  • Undécima estación, Humberto Cerantonio.
  • Duodécima estación, José Berna. Impactante imagen de Cristo en mármol piedra. Tiene 22 mts de altura!!!!
  • Décimo tercera estación, José Berna. La piedad.
  • Décimo cuarta estación, Ernesto Soto Avedaño, argentino.

Asimismo la obra fue proyectada por Alejandro Bustillo, uno de los arquitectos más relevantes del país.

A la izquierda del recorrido se encuentra la capilla dedicada a Santa Gemma (estaba cerrada) y una reproducción de la gruta de Lourdes.

La primera escultura representa a Cristo rezando en el Getsemaní. Luego se asciende a través de un bosque de pinos, olivos y eucaliptos que revelan a su paso los distintos grupos escultóricos. Finalmente se llega a la inmensa cruz que emociona al visitante.

En el acceso al Monte Calvario al casas de artesanías y parrillas donde comer. Yo decidí caminar y tomar el colectivo hasta la Piedra movediza. Tuve que ir por avenida España hasta la calle 9 de Julio. Por suerte justo pasaba el 503 y viajé sentada. La parada está justo frente a la escalinata del parque lítico la Movediza (y a la vuelta el colectivo se toma en el exacto mismo lugar porque no hay un colectivo que va y otro que vuelve, es el mismo). Yo me perdí la parada correcta y bajé a la vuelta, frente a una capilla. Igual fue mejor porque subí al parque no por la escalinata  central sino por una pendiente no dificultosa.

En la cima puede verse una réplica de la famosa piedra movediza de Tandil que cayó el 29 de febrero de 1912 alrededor de las 5 de la tarde  y que aún puede verse donde quedó partida. Es una lástima que la original ya no esté. Debe haber sido impresionante: ¡una roca de más de 300 toneladas que  oscila!.

Aquí les copio la leyenda de la piedra:

“Era el principio de los tiempos. El Sol y la Luna eran marido y mujer: dos dioses gigantes, tan buenos y generosos como enormes eran. El Sol era el dueño de todo el calor y la fuerza del mundo; tanto era su poder que de sólo extender los brazos la tierra se inundaba de luz y de sus dedos prodigiosos brotaba el calor a raudales. Era el dueño absoluto de la vida y de la muerte. Ella, la Luna, era blanca y hermosa. Dueña de la sabiduría y el silencio; de la paz y la dulzura. Ante su presencia todo se aquietaba. Andando por la tierra crearon la llanura: una inmensa extensión que cubrieron de pastos y de flores para hacerla más bella. Y la llanura era una lisa alfombra verde por donde los dioses paseaban con blandos pasos. Luego crearon las lagunas donde el Sol y la Luna se bañaban después de sus largos paseos.

Pero los dioses se cansaron de estar solos: y poblaron de peces las aguas y de otros animales la tierra. ¡Qué felices se sentían de verlos saltar y correr por sus dominios! Satisfechos de su obra decidieron regresar al cielo. Entonces fue cuando pensaron que alguien debía cuidar esos preciosos campos: y crearon a sus hijos, los hombres. Ahora ya podían regresar. Muy tristes se pusieron los hombres cuando supieron que sus amados padres los dejarían. Entonces el Sol les dijo:

-Nada debéis temer; ésta es vuestra tierra. Yo enviaré mi luz hasta vosotros, todos los días. Y también mi calor para que la vida no acabe.

Y dijo la Luna:

-Nada debéis temer; yo iluminaré levemente las sombras de la noche y velaré vuestro descanso.

Así pasó el tiempo. Los días y las noches. Era el tiempo feliz. Los indios se sentían protegidos por sus dioses y les bastaba mirar al cielo para saber que ellos estaban siempre allí enviándoles sus maravillosos dones. Adoraban al Sol y la Luna y les ofrecían sus cantos y sus danzas.

Un día vieron que el Sol empezaba a palidecer, cada vez más y más y más… ¿qué pasaba?, ¿qué cosa tan extraña hacía que su sonriente rostro dejara de reír? Algo terrible, pero que no podían explicarse, estaba sucediendo. Pronto se dieron cuenta que un gigantesco puma alado acosaba por la inmensidad de los cielos al bondadoso Sol. Y el Dios se debatía entre los zarpazos del terrible animal que quería destruirlo. Los indios no lo pensaron más y se prepararon para defenderlo.

Los más valientes y hábiles guerreros se reunieron y empezaron a arrojar sus flechas al intruso que se atrevía a molestar al Sol. Una, dos, miles y miles de flechas fueron arrojadas, pero no lograban destruir al puma, que, por el contrario, cada vez se ponía más furioso. Por fin uno dio en el blanco y el animal cayó atravesado por la flecha que entraba por el vientre y salía por el lomo. Sí, cayó, pero no muerto. Y allí estaba, extendido y rugiendo; estremeciendo la tierra con sus rugidos. Tan enorme era que nadie se atrevía a acercarse y lo miraban, asustados, desde lejos.

En tanto el Sol se fue ocultando poco a poco; había recobrado su aspecto risueño. Los indios le miraban complacidos y él les acariciaba los rostros con la punta de sus tibios dedos. El cielo se tiñó de rojo… se fue poniendo violeta.., violeta. … y poco a poco llegaron las sombras. Entonces salió la Luna. Vio al puma allá abajo, tendido y rugiendo. Compadecida quiso acabar con su agonía. Y empezó a arrojarle piedras para ultimarlo. Tantas y tan enormes que se fueron amontonando sobre el cuerpo hasta cubrirlo totalmente. Tantas y tan enormes que formaron sobre la llanura una sierra: la Sierra de Tandil. La última piedra que arrojó cayó sobre la punta de la flecha que todavía asomaba y allí se quedó clavada. Allí quedó enterrado, también, para siempre, el espíritu del mal, que según los indios no podía salir. Pero cuando el Sol paseaba por los cielos, se estremecía de rabia siempre con el deseo de atacarlo otra vez. Y al moverse hacía oscilar la piedra suspendida en la punta de la sierra.” Fuente

Después de la visita, volví al centro y fui a almorzar. Luego del fiasco del día anterior, entré en un restaurant: “El criollo, parrilla y cocina al disco” (Rodríguez 650). Pedí el menú que salía $75 (+ 10 de cubierto). El menú incluía una entrada de lengua a la vinagreta, pollo a la pizza con papas fritas, bebida y postre (yo elegí un almendrado). El pollo asado estaba riquísimo.

Almorcé tranquila. Luego fui al museo histórico Fuerte Independencia (la ciudad de Tandil surgió como un fortín para contener el avance de los indios pampa). Gran museo. La entrada sale $20 pero hay muchas salas para conocer, en las que se incluyen la reproducción de una pulpería y una antigua farmacia. Hay muchos carruajes, un avión y están preparando una sala sobre la guerra de las Malvinas.

Hay también una sala dedicada al aviador Eduardo Olivero (que yo no conocía) y del que ahora soy fan y otra con datos sobre la masacre del curandero “Tata Dios” el 1 de enero de 1872. Fascinante.

El día terminó en Frawen’s donde disfruté de un licuado de mango y durazno. Un lugar con mucha onda frente a la plaza principal. Compré una tabla de fiambres en Puesto Chico y me fui al hotel. Ahí preparan buenas picadas y no es muy caro.

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Piedra La Movediza (réplica creada en 2007).

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