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En septiembre de 2012 viajé a la ciudad de Tucumán para un simposio (lo bueno de los congresos es que uno puede pasear sin culpa con la excusa académica). Los precios, por tanto, no son los actuales porque en el país hay una inflación que supera el 20% anual (aunque lo nieguen desde el gobierno). Tengan en cuenta entonces que TODO es más caro ahora.

Salí de aeroparque rumbo a Tucumán un viernes por la mañana. Lamentablemente el vuelo de LAN se retrasó así que tuvimos más de una hora de demora en Newbery. ¿Por qué LAN? Al menos para Tucumán, era más barato y tenía más horarios que Aerolíneas Argentinas. Veremos qué pasa con ese asunto de sacarle los hangares a LAN para que no compita más con la empresa argentina.

Del aeropuerto de Tucumán al hotel no tuve más alternativa  que tomarme un taxi (no hay transporte público). El año pasado el precio al centro estaba fijado en $50. Sin embargo, luego descubrí que ese es un precio inflado. Si en vez de cobrar un precio fijo cobraran lo que indica  el taxímetro sería mucho menor.

Me hospedé en el hostal “Las Carretas” porque era lo más económico que encontré. Por dentro el hostal es muy lindo. Tenía una habitación espaciosa que daba al patio con quincho (por suerte a nadie se le ocurrió reunirse de noche o no hubiera podido dormir), cama matrimonial, tv con cable, heladera, aire acondicionado y, por supuesto, baño privado con ducha caliente. En el pasillo que daba a la recepción había una computadora con internet que era de uso libre.

El desayuno era en el restaurant que pertenece al hotel. Lo bueno es que también se podía almorzar o cenar.

El único problema del hostal es la zona, a dos cuadras de la terminal y frente a una especie de “Saladita”, un mercado callejero. No era para andar muy tarde por ahí. Igual está a pocas cuadras de la plaza principal y me quedaba cómodo para las dos sedes del simposio. Ojo que no pude reservar por email: ¡tuve que hacerlo por teléfono!

El primer día recorrí el centro, las peatonales, la catedral, el paseo de artesanos…¡Vi por primera vez en vivo la Casa Histórica de Tucumán! Tantos recuerdos del Billiken… Yo quería hacer al otro día una excursión, pero descubrí que – fuera de temporada alta y sola – es muy difícil conseguir un tour.

Al otro día aproveché para dormir un poco más y recorrer el shopping de la terminal. A través de un guía de la oficina de turismo que hay allá, conseguí una excursión para el día siguiente. Estaba salvada!

A las 12hs tomé el micro 118 que va desde la terminal al cerro San Javier. Pasamos por el barrio de Yerba Buena que me encantó (un barrio high society). Curvas y curvas mientras subía el cerro. Tardó 1:30hs en llegar a la cascada del río Noque, mi primera parada. Una vez allí uno tiene tres opciones: hacer una visita rápida a la cascada y tomar el mismo colectivo cuando termina su recorrido en el Siambón, armar un picnic en el lugar y esperar varias horas hasta que pase el próximo colectivo (no hay mucha frecuencia) o caminar… Yo elegí la primera opción así que tenía menos de una hora para bajar a la cascada y volver (igual me sobró tiempo). Un guía en la entrada de la cascada me indicó el camino.

Y así hallé a la cascada, escondida entre la exuberante vegetación… No es una gran cascada (al menos en esa época del año cuando no es temporada de lluvias), pero tiene magia. Según el diario de Tucumán: ” Bajo el vasto manto verde se destaca la cascada del río Noque, una majestuosa caída de agua que empapa de sensaciones el alma. Un vistoso letrero de madera a la vera del asfalto (a unos 12 kilómetros del Cristo) revela el inicio de una senda autoguiada. Los primeros 200 metros son de descenso, hasta el curso del río. Aguas arriba, tras una caminata de 320 metros, se alcanza el estupendo chorro de agua que se cuela entre las resbaladizas rocas y desemboca en un cristalino espejo de agua. Una postal inmejorable que no podés dejar de contemplar.” (La Gaceta).

A las 14:20hs tomé el colectivo hacia el Cristo Bendicente que corona la cumbre del cerro.  El próximo colectivo pasaría a las 18hs.

El Cristo es una escultura de 28 mts de altura realizada por el artista local Juan Carlos Iramain e inaugurada en 1942. Debajo de la impresionante estatua hay un pequeño museo. Lamentablemente no tuve la mejor vista de la ciudad porque la misma estaba cubierta de nubes o humo. No sé bien. Las montañas, en cambio, se veían maravillosamente azules.

Tenía hambre y debía hacer tiempo por lo que fui a almorzar a una casa naranja en la calle 1 (no vi otro restaurant, excepto el del hotel). Era un lugar humilde con gente que llegaba a caballo y gauchos con sombrero, cuchillo y piercing (son gauchos modernos). Pedí un sandwich de milanesa completo (¡con dos milanesas recién hechas!) y una gaseosa. El sandwich me salió $18 así que fue barato.

Después caminé unos dos kilómetros (tal vez más) en bajada hasta el Bosque de la Memoria. Anduve hasta que llegué al esqueleto de lo que iba a ser un edificio universitario, un enorme bloque de cemento abandonado a medio hacer. Atrás del mismo encontré el lago San Javier donde nadaban tranquilamente patos y carpas. El sitio parecía una pintura impresionista.

Recorrí el lugar y luego me senté bajo los árboles a esperar que se hiciera la hora.

El colectivo pasó a las 18:20hs, el último que regresaba a San Miguel, creo.

Llegué a la terminal super cansada, tanto que no quise cenar. Compré en el supermercado (al lado de la terminal) un yogurt con frutas y eso fue lo que comí. Tomé mucho líquido. Al otro día tendría que madrugar.

Imagen
Vista de las montañas desde la cumbre del cerro. 

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