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Originalmente yo quería hacer la excursión a las ruinas de Ibatín y al dique Escaba pero como a nadie más le interesaba, tuve que dejarla de lado (¡con mucho pesar!). Esa excursión pasaba también por las ruinas de Lules que me habían quedado pendientes. Fui a hablar a la agencia de turismo con la que había realizado el tour a las ruinas de los Quilmes y me ofrecieron (GRATIS) acercarme a Lules al otro día, ya que no habían podido hacerlo el otro día. Obviamente acepté.

Por esa razón, el último día me levanté temprano. Tenía que desocupar la habitación y esperar que me pasaran a buscar a las 8 hs.

El guía, primo del que me había llevado a Cafayate, llegó puntual con una pareja joven bastante antipática. Fuimos en auto hasta las ruinas jesuíticas de los siglos XVII y XVIII. El lugar está bastante abandonado: podrían restaurarlo un poco…¡Allí durmieron nuestros próceres Belgrano y San Martín! Parece que los militares cerraron los túneles que conectaban San José de Lules con San Miguel de Tucumán para evitar que la guerrilla los utilizara para esconderse.

El auto me dejó en el pueblo de San Isidro de Lules ya que seguía viaje a El Mollar. Recorrí un poco y tomé el colectivo de vuelta a la ciudad ($5,10). Tardó bastante en llegar a la terminal.

Picada en la curiosidad por algo que dijo el guía, decir ir a San Pedro de Colalao, al norte de la provincia. Me quedé en la terminal esperando que saliera el micro de las 11 hs. Tomé el semi-rápido que de rápido no tiene nada porque para en todos lados (pasa por Trancas) así que tardó más de dos horas en llegar. ¡Para colmo esos micros no tienen baño!

Me encantó San Pedro de Colalao aunque no pude hacer mucho. El museo arqueológico estaba cerrado y la Piedra Pintada (lugar sagrado con petrografías) estaba lejos para ir caminando y los taxis tampoco se acercan mucho. Ojo, pienso volver al pueblo. Creo que es para ir con tiempo, no a las apuradas como yo. Tiene varios circuitos y muchas atracciones. Ver los circuitos.

Es un pueblo realmente pintoresco. Recorrí la plaza principal, la iglesia del siglo XIX y la gruta de Lourdes (pasando el río Trancos). A mis espaldas, un espectáculo de montañas. La gruta es muy linda y uno puede tocar una piedra original traída del sitio original en Francia. La vista es maravillosa.

Volví al centro, compré artesanías y fui a un restaurant con vista a la plaza principal donde comí quesillo con cayote y nuez.

Tomé el colectivo de vuelta a las 16hs. Este sí era el rápido de modo que llegué a San Miguel en una hora quince. Un placer!!!

De la terminal caminé por el parque 9 de Julio (que es enorme) para visitar el recomendado museo de la industria azucarera o casa del obispo Colombres. También un edificio jesuítico. Llegué cuando ya estaban por cerrar así que lo recorrí a vuelo de pájaro (por suerte es gratuito). Igualmente creo que la parte externa del museo es la mejor y eso sí pude disfrutarlo y sacar fotos al por mayor.

Retomé la vuelta cuando comenzaba el atardecer. Un sol que agonizaba  iluminando las réplicas de esculturas grecorromanas en medio de árboles floridos (amarillo, rojo, rosa y blanco) no tiene precio.

En el hotel acomodé un poco los bolsos y fui a merendar un matecocido con tortillas ($ 10). El recepcionista del hotel me explicó que los taxis que uno toma en el aeropuerto siempre cobran de más así que era mejor un taxi común. Me consiguó uno que compartí con otras dos chicas que dejaban el hotel (el vuelo de LAN a las 21:45 era el único en esa franja horaria).

El vuelo salió lleno y puntual. Hubo un poco de turbulencia, pero nada de qué preocuparse. Adiós Tucumán!
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Museo Colombres.

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