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Los siguientes dos días en Cusco tuve excursiones por la mañana, de las que me desocupé a eso de las tres de la tarde.

Empecé volviendo al Valle Sagrado en el tour IM-PER-DI-BLE a Maras – Moray (35 soles + entrada a Maras, 7 soles).

Salimos de Cusco alrededor de las 9:30 (todo se retrasó porque eran días de fiesta en la ciudad). Estaba nublado y frío. Nuestra primera parada fue en Chinchero, en otro mercado artesanal donde volví la escuchar la explicación sobre la elaboración de tejidos (¡hasta con los mismos chistes!). Aproveché para fotografiar cada etapa del proceso.

De allí fuimos directamente a Moray, un sitio de experimentación agrícola inka. Con la construcción de diferentes andenes concéntricos creaban diferencias térmicas que permitían el desarrollo de distintas variedades de papa, olluco y oca. Esta explicación puede no seducirlos, pero es uno de los sitios más espectaculares que vi en mi vida.

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       Moray.

Bajar los andenes fue fácil, subir no tanto. Hay que estar en buen estado físico.

De Moray fuimos a las salinas de Maras (que desde la época de los Inkas está en uso). Yo esperaba unas salinas como las de Jujuy, pero Maras es muy diferente.

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Salinas de Maras.

Empezó a llover. Cuando el micro nos dejó de nuevo en Cusco, fui primero a recorrer el otro museo de Qoricancha (que está incluido en el boleto turístico). Es un pequeño museo de arqueología. También visité la iglesia de Santo Domingo.

Finalmente fui al museo Machupicchu (Casa Concha) que posee la colección de piezas que Hiram Bingham llevó  a la universidad de Yale y que fueran devueltas a Perú en 2011 (centenario del descubrimiento de Machu Picchu). El museo sigue, por supuesto, a la figura del historiador Bingham y sus excavaciones. El edificio también es precioso.

Entré a la iglesia de La Merced que contiene una hermosa imagen de la Virgen y terminé la noche viendo un espectáculo de danzas folklóricas en el Centro Qosco de Arte Nativo.

Al otro día fui en la excursión al Valle Sur (35 soles). Primero visitamos Tipón, una “maravilla de la ingeniería civil” inka. Terrazas, canales de irrigación, acequias. Aquí estaba el templo del agua. Es un lugar donde se respira mucha paz, muy místico. Parece increíble que después de tantos siglos el agua siga fluyendo tranquilamente por los antiguos canales.

Aunque yo fui en un tour, se puede ir en colectivo hasta el pueblo de Tipón (y aprovechar a comer el cuy al horno, que es el plato típico de la zona) y luego tomar un taxi al sitio arqueológico.

De Tipón fuimos a Pikillacta, una ciudad pre-Inka perteneciente a la cultura Wari. Este lugar realmente me impresionó. No esperaba encontrarme con esas calles de altas paredes, avenidas y recintos. ¡Todos quedamos con la boca abierta!

IMG_7324 Calle Principal de Pikillacta.

El paseo terminó en Andahuaylillas, un pueblo muy pintoresco. Además de la iglesia, hay un pequeño museo de ritos andinos con varias momias encontradas en la zona. Una de las momias ha generado gran controversia ya que algunos afirman que se trata de un extraterrestre. Acá pueden leer la noticia: momia extraterrestre.

Ya en Cusco fui a visitar la iglesia de Santa Teresa y el Museo Histórico Regional, casa Garcilaso. Me emocioné con la historia de la rebelión fallida de Tupac Amarú II y su ejecución pública en la Plaza de Armas y admiré  las pinturas en relieve de Demócrito Bitti.

Luego fui a la Catedral, asentada sobre el Kishwar Kancha. Es magnífica, especialmente el coro tallado en madera con decenas de santos.

Esa noche cené trucha frita en La Chomba. Recomiendo ese restaurant si quieren comidas típicas de Perú sin gastar mucho.

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