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Después de desayunar, fui a la terminal de Tilcara y tomé el micro a Purmamarca a las 9:40hs. Un buen horario. El micro de Evelia salió $8.

¡Por fin pude disfrutar tranquila del Cerro de los siete colores! Empecé pidiendo un mapa en la oficina de turismo. Ahí me dieron instrucciones y un recorrido. Yo ya conocía las Salinas, pero desde Purmamarca salen taxis a buen precio ya que van juntando gente. Por lo menos es más barato que un tour.

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Purmamarca es un pueblo muy pintoresco y colorido rodeado de montañas que lo cobijan.

Empecé subiendo al denominado mirador geológico. La vista es sorprendente. Y de mañana el cerro de los siete colores es de película. Luego hice el Paseo de los Colorados. ¡Impactante! Si quieren hacerlo, la manera más descansada es empezar desde el mirador geológico y terminar por el cementerio, no al revés. Si lo recorren de modo inverso es todo cuesta arriba. Casi todo el camino fui yo sola y la Pachamama. Se tarda una hora aproximadamente en recorrerlo.

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Entré a la antigua capilla y fui a almorzar a El Rincón de Claudia Vilte: empanada de charqui de llama, empanada de quinoa y queso, etc. Me llené mientras escuchaba un show en vivo y Claudia Vilte se unía a la peña. Es difícil no enamorarse de Purmamarca.

Fui a tomar el colectivo de vuelta, pero como era domingo, los horarios eran diferentes. Al final fui en taxi con un grupo de gente que se fue sumando. La diferencia con el micro es mínima. El taxi me salió $10 (no lo podía creer) y viajé adelante fascinada por el paisaje. Mucho más cómodo que el micro. El taxi me dejó en la terminal de Tilcara donde tomé a las 15:30 el colectivo Vallisto a Huacalera ($7). El colectivo hace el recorrido Tilcara-Humahuaca, pero tiene paradas entre ambos sitios.

Huacalera me sorprendió porque apenas si es una calle, una olvidada estación de tren, un museo cerrado y un gran hotel. ¿Dónde me había metido? Por suerte había un kiosko abierto donde me brindaron información y pude comprarme un helado.

Cruzando la ruta, de la mano donde está el hotel Huacalera, hay una iglesia colonial (cerrada). Adelante, un monumento que señala el lugar donde descarnaron los restos del general Lavalle (antes velado en Tilcara). Seguí caminando por la ruta hasta el inmenso reloj de sol y el cartel que indica TROPICO DE CAPRICORNIO.

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Saqué las fotos de rigor, compré algunas artesanías y me puse a esperar el colectivo de vuelta. Pasó a las 17:15 y en veinte minutos estuve de regreso en Tilcara.

Pasé por la iglesia y fui a comer a La peña de Carlitos: milanesa de llama con ensalada.

Al día siguiente fui a Iruya, un pueblo entre montañas. Me levanté y, tras desayunar, fui directo a la terminal para tomar el bus directo Panamericano a Iruya ($ 53). Se suponía que salía a las 8:00 pero se atrasó porque parte de San Salvador de Jujuy, no de Tilcara. El viaje fue largo ya que -además- se rompió el caño del líquido hidráulico, así que estuvimos unas cuatro horas en el colectivo. Paramos en Humahuaca y en Iturbe para subir y bajar pasajeros (y pasar al baño si era necesario) y luego en la frontera entre Jujuy y Salta, en el Abra del Cóndor (4000 mts). Allí fue la parada más larga porque los choferes se bajaron a arreglar el cañito. Nosotros aprovechamos para sacar fotos.

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El resto del camino es todo de cornisa: no apto para cardíacos (una moto que quiso pasar al micro casi cae al precipicio). Antes tuve que ver cómo una camioneta atropellaba a un perro.

El camino a Iruya es lo mejor del paseo. Paisajes espectaculares. Indescriptibles…

Dos colectivos llegan al pueblo fundado en 1753: el Panamericano (si no se rompe) y la empresa Transporte Iruya (aparentemente la mejor) que sale de Humahuaca. NO HAY OTRA. Pueden hacer dedo si se animan o contratar una excursión carísima.

De lejos, Iruya parece una postal o cuento de hadas. Después de horas de montaña, uno descubre la torre de la iglesia. Su edificación es de estilo colonial, con calles muy empinadas y de adoquines. Uno puede visitar la iglesia y el cementerio, que resulta muy colorido. En Iruya no hay terminal y el único baño “público” se encuentra en el juzgado de paz, al lado de la boletería de Transporte Iruya.

Les recomiendo comprar el pasaje de vuelta apenas lleguen. Yo tuve que pelear por el mío. La boletería de Transporte Iruya se encuentra a la vuelta de la iglesia, y la de Panamericano en un kiosko casi frente a la iglesia.

Ahora, respecto a mi opinión de Iruya, seguro difiero de la mayoría. Me gustó el trayecto, pero el pueblo en sí no me convenció. Tal vez fuera porque el día anterior se habían celebrado las fiestas patronales y todavía había muchos borrachos, o por “la saladita”* ubicada en el cauce seco del río que arruinaba el paisaje, o porque me pareció demasiado pequeño. No hay mucho para hacer, excepto caminar. Es cuestión de gustos.

Dicen que hay que ir a San Isidro, a unos 8 kilómetros de Iruya. La verdad es que mi físico no da para hacer esa caminata. La opción es ir a caballo, pero tampoco me fío de mis habilidades hípicas. Si desean ir a San Isidro, tendrán que quedarse dos días en Iruya. Hay alojamiento, sólo se necesita preguntar. También pueden pasar la noche en San Isidro.

La vuelta, aún con el caño roto (sí, volví con el mismo colectivo), fue más rápida.

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Para ver los horarios de los micros, entrar a mi entrada.
*Aclaro que con “la saladita” me refiero a una especie de feria de productos al por mayor (no hablo de artesanías), generalmente de Bolivia, armada con carpas. No se alcanza a ver en la foto.

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