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En octubre del 2011 hice mi primer viaje más allá de las costas argentinas y uruguayas. Me animé a viajar sola  a un congreso en Río de Janeiro. Un compañero de trabajo que siempre viaja a Brasil me orientó un poco. Así, por ejemplo, me recomendó hospedarme en el barrio de Catete, más seguro y económico que otros. De hecho, me había pasado el dato del hotel Río Claro. Sin embargo, yo buscaba un sitio más cercano a la sede del congreso, cosa de no gastar en transporte todos los días. Un profesor de Río de Janeiro me pasó el dato del hotel Marajó, ubicado en el centro de la ciudad. Este hotel era muy barato en comparación con los demás pero tenía sus pros y sus contras.

A favor: cercanía a la sede del congreso, al subte (estación Cinelândia), colectivos, cajeros y al casco histórico. Se encuentra casi al lado de las escalinatas de Santa Teresa o escaleras Selarón. El precio. Ascensor. Desayuno -muy básico- incluido, televisión, ducha con agua caliente.

En contra: hice la reserva por teléfono (como mi portugués es casi inexistente, la hice en un locutorio con mi compañero de trabajo que es profesor de portugués) pero cuando llegué no la tenían. Me llevaron por esa primera noche al Hotel Americano que está en la misma cuadra. Este otro hotel era un poco más caro (y el plus tuve que pagarlo yo) y tuve que subir dos  pisos por escalera con mi valija. Lo peor fue subir y bajar esas escaleras.
El ruido. Tal vez fuera porque me acostaba temprano, pero la ventana daba a unos vecinos no muy silenciosos (tendría que haberme cambiado de habitación). ¿La solución? Cerraba la ventana y ponía en marcha el aire acondicionado. Era de los viejos y el sonido del motor apagaba los demás ruidos. Como me daba frío dormía bien abrigada con frazadas y tapaba un poco la salida del aire con una toalla. Finalmente estaba el tema de la ubicación. Si bien es cómoda, la zona no es muy linda de noche. Igual nunca pasó nada.

En conclusión, no es un mal hotel (si bien no es turístico) pero si vuelvo a Río seguiré el consejo de mi compañero.

Del aeropuerto de Río de Janeiro al centro, pueden tomar un autobús que los deja en Cinelândia. Ese mismo colectivo sigue luego hacia Copacabana e Ipanema. Lo toman en el primer piso del aeropuerto internacional, terminal B. Autobús nº 2018.

Lo primero que hice cuando llegué y me instalé en el hotel, fue ir a comprar agua mineral a un supermercado. Por seguridad, NO beban el agua de la canilla.

Cené en el hotel unas empanadas de pollo (“empanadas de frango”) que compré en la peatonal. Allá es posible comprar casi todo con tarjeta de crédito y/o débito.

Esa noche empezó a llover. Estuve una semana en Río y la lluvia arruinó mis planes. Quería ir a Ilha Grande, a la Fortaleza de Santa Cruz en la isla de Niteroi y quizás comprar algún tour. Me había fijado en el tour Islas Tropicales o en la excursión a la selva de Tijuca. No pudo ser. El clima tormentoso perduró hasta que me fui.

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Las frases que me salvaron en Río:

Bom dia. Boa tarde. Boa noite.
Obrigada. Muito obrigada.
Quanto custa isto?
Nâo percebo. Fale mais devagar, por favor (No entiendo. Hable más despacio, por favor)
Desculpe, onde fica…? (dónde está…?) Ej.: Onde fica a praia? / Onde fica o banheiro?
A conta, por favor.
Fas favor! (perdón)

Leite (leche), vitamina (licuado), chá (té), misto quente (tostado mixto), batatas (papas), cartâo de crédito.
Otras frases.
Igual llevaba siempre conmigo un pequeño diccionario.

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