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El día siguiente de mi llegada amaneció con lluvia. Igual todavía no estaba preocupada.

Desayuné y fui a visitar la catedral de San Sebastián: una impresionante construcción en forma de pirámide. Es realmente inmensa. Visité asimismo el Museo Sacro donde está el anillo que el papa Juan Pablo II donó a una favela. De ahí caminé hasta la exquisita iglesia del Carmen (aunque no tomé la visita guiada porque no quería gastarme todos los reales).

mapa

Tomé el subte en la estación Uruguaiana y fui hasta Catete para conocer el barrio que me habían recomendado. Es un sitio muy lindo, parecido a Buenos Aires. Almorcé en Karolina’s, un restaurant que vende la comida por kilo y donde se puede comer por poco dinero.

En Brasil todo tiene un gusto distinto. Lo dulce es mucho más dulce y lo salado es más especiado aunque -afortunadamente- no picante.

Después de comer fui a la playa Flamengo (creo que era esa playa). Había poca gente porque aunque no llovía el día estaba feo. Los nubarrones cubrían la cima de los cerros. ¡Negros nubarrones! Metí los pies en el agua que estaba fría, pero no tanto como en Mar del Plata. Me senté un rato en la playa mientras el mar subía. Luego caminé hasta la estación Flamengo. Antes de volver al hotel pasé por el supermercado: la comida no es cara. Lo caro de Brasil es el transporte y la hotelería.

Empezó a llover torrencialmente. A la noche igual salí. Había un espectáculo al aire libre en la plaza de Cinelândia que me pareció interesante de ver. Además pensé que el mal clima haría que fuera menos gente. Cené un sandwich de carne asada + jugo de melón en Spaguettilândia (extraño los jugos de Río) y luego me puse a esperar el inicio del espectáculo en la plaza. La lluvia por momentos se hizo densa, pero igual me quedé. Esa noche me enamoré de Río con Ensaio sobre a beleza que mostraba la unión entre Brasil e Italia. No entendí bien todo lo que decían, pero era fascinante. Hubo acrobacias aéreas, música y color… ¡Maravilloso! Hasta una especie de carroza de carnaval (lo máximo a lo que uno puede aspirar en octubre!)… Música de Verdi, ballet en el aire y samba con imágenes de Botticelli. Pueden encontrar fragmentos en youtube. Recordaron a Carmen Miranda y todos los temas musicales que representan a Brasil. Música de películas de Fellini y mujeres que parecían salidas de Amarcord. Fue mágico.

Al otro día me mojé bastante, pero nuevamente no por meterme en el mar. Después de desayunar comencé a caminar por el centro pero estaba vacío y no me daba ninguna tranquilidad (era domingo). Las nubes negras seguían amenazantes aunque por momentos salía el sol. Decidí ir al Jardín Botánico, un paseo que recomiendo. Tomé el “metro na superfície” en Cinelândia. ¿Qué significa? Bueno, fui en subte hasta la estación Botafoco y de ahí tomé la combinación del micro hasta la parada del Jardín Botánico. Uno sale del subte y al lado están estos micros especiales que continúan el camino por arriba. No tenemos algo así en Buenos Aires así que es difícil de explicar.

Planta carnívora

Planta carnívora

Es un poco lejos pero vale la pena. El jardín es inmenso. ¡Estuve horas caminando hasta que me echó la lluvia! Lo mejor: el rincón de Eco y Narciso, la Fuente de las Musas, el lago, el museo arqueológico, el Jardín Mexicano, el orquidario con su perfume embriagador, las ruinas de la antigua fábrica de pólvora (ahí comí una hamburguesa con queso), las plantas insectívoras, la gruta, el Jardín Bíblico, el rosedal y el Jardín Japonés (aunque el Jardín Japonés de Buenos Aires es mejor)… Es para volver!!!

Se largó a llover torrencialmente así que salí del parque e hice el camino de vuelta, salvo que me bajé en la estación de subte de Uruguaiana para ir a misa en el Monasterio de San Benito. Es bellísimo, sin palabras. La lectura de vísperas fue hermosa: campanas, órgano y canto gregoriano.

Como seguía lloviendo, cené frente al hotel en Baby Galeto. Buena comida a buen precio.

El lunes no paró de llover en ningún momento. Al menos empezó el congreso. Al mediodía decidí ir al pintoresco barrio de Santa Teresa. Tuve que tomar el colectivo 014 porque el mayor atractivo del barrio, el tranvía o “bondiño”, no funcionaba porque un accidente había matado a seis personas. Creo que todavía no funciona, pero pueden averiguar. Sin el tranvía se pierde la diversión del paseo. Tampoco ayuda si llueve o que haya asueto comercial. Caminé un poco y entré a comer en Jasmim Manga. Fue lo que más me gustó de Santa Teresa y lamentablemente creo que cerró. Los negocios estaban preocupados por la ausencia del tranvía porque ya no iban tantos turistas.  Comí pasteles fritos de camarón con salsa agridulce y refresco de guaraná. Compré recuerdos en una tienda de artesanías y volví caminando al hotel.

Mi idea era encontrar el convento de Santa Teresa y bajar por las escaleras Selarón, pero me perdí y terminé en el barrio de Gloria. Igual llegué bastante rápido al hotel. El profesor que conozco de Río se asustó cuando le conté porque me dijo que por ahí hay una favela y que lo que hice era peligroso. Luego vi un mapa que tenía el hotel con las favelas de la ciudad y ¡hay una por barrio! Es imposible evitarlas.

Esa noche fui al cóctel de bienvenida del congreso donde seguí comiendo camarones y jugos de frutas. Me harté de canapés (en el buen sentido: amo los canapés!!!).

Barrio de Santa Teresa bajo la lluvia

Barrio de Santa Teresa bajo la lluvia

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