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Después de tres días de lluvia, el martes por fin salió el sol por la tarde. Visité el convento de San Antonio, muy bello en su manera barroca y dorada, almorcé dos empanadas en el centro y -cuando vi que el sol se asomaba- decidí ir al Pan de Azúcar que estaba más despejado que el Corcovado. SI NO ESTÁ DESPEJADO NO SE LES OCURRA IR. Tengan en cuenta que el teleférico no es barato (ahora está a 62 reales).

En el subte compré la opción “metro + ônibus expresso”. Me bajé en la estación Botafogo y de allí tomé el colectivo que va a Urca. Hay que bajarse en la Plaza General Tiburcio. Yo casi me perdí pero me ayudaron y llegué al teleférico. No había gente así que no hice cola para subir.

descending_by_elainn-d4fn0y5Subí primero al morro de Urca (220 mts) y luego al famoso y representativo morro Pão de Açúcar (396 mts). Ahí saqué fotos desde sus miradores hasta que me quedé sin pilas, vi largartijas, pájaros y un monito. Tomé sol. ¡Tenía que aprovecharlo! De lejos se vislumbra el Cristo Redentor y la playa de Copacabana.

El morro de granito domina la bahía. Volví al de Urca donde aprendí la historia de todas las elevaciones de Río de Janeiro: todas fueron formadas por magma bajo el mar, antes que éste descendiera. Dicen que son un monumento geológico. En el local Rei do Mate tomé una bebida compuesta de mate caliente, uva, clavo de olor y canela. Me senté a aprovechar del momento. Eso es lo bueno de no ir en excursión. Nadie te apura.

Volví a la base. Tomé el colectivo 513 y luego el subte. A la noche fui a cenar a Chopperia Cinelândia donde pedí el prato popular. Quedé llenísima antes de poder terminarlo (pollo, chorizo, arroz, papas fritas…).

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¿Qué pudo haber pasado al otro día? Imaginen… Sí, volvió a llover. Me dediqué al congreso y visité las iglesias de San Francisco y de la Candelaria. Caminando por esa zona llegué a un barrio que parecía Once de modo que hice un poco de “shopping”. Aún con un tipo de cambio no conveniente, había cosas muy baratas. Es verdad que el algodón de Brasil es bueno. La próxima vez que vaya compraré otro par de sábanas.

El jueves, por fin, pude respirar aliviada: ¡misión cumplida!. Fui al Corcovado y vi el Cristo Redentor. Cuando me levanté el sol todavía luchaba con las nubes pero a la tarde se fue despejando. Comí en el centro comida china con maracuyá y salí al Corcovado con el mismo método de transporte con el que fui a Pan de Azúcar. Subte hasta estación Largo Do Machado y luego colectivo 580 (con el cartel “Cosme Velho”). ¡Estaba tan ansiosa! Por suerte no había nada de cola. Compré mi ticket y a las 13:20 estaba subiendo al tren. Nos fuimos introduciendo en la floresta de Tijuca con música de samba. Desembarcamos y subimos al ascensor. Del ascensor a escaleras mecánicas. ¡Mi primera visión del Cristo fue de espaldas! Finalmente nos vimos cara a cara.

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Creo que tiene 70 mts de alto. Saqué fotos y me quemé un poco por el sol. Como mirador es impresionante ya que domina la vista de la ciudad. A los pies del Cristo hay una capilla que es como el pedestal que lo sostiene, “el mundo”. Luego me senté en un bar a tomar un jugo de papaya hasta que se nubló y empezó a refrescar. Di una última recorrida (no quería despedirme) y esta vez bajé por las escaleras de piedra hasta el tren.

La vuelta fue tranquila. Me bajé en la estación de Gloria y recorrí el Parque del Paseo (Praça Passeio Publico) que parece imitar los jardines de Versailles.

Esa noche fui a comer de nuevo a Baby Galeto y comí galeto (pollito) con espaguetis y brócoli. Estaba delicioso.

Vista desde el Corcovado

Vista desde el Corcovado

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