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Por fin, y ya casi cuando me volvía, tuve un día completo de sol. Por supuesto, terminé insolada.

Empecé yendo a la M291805_2527070777553_551948980_narina da Glória, el puerto de Río de Janeiro, que desde mi hotel se podía hacer a pie. El día anterior, en el tren al Corcovado, me habían dado una promoción de la empresa Saveiros por la cual tenía 50 % de descuento en un paseo en barco. ¡Y no iba a desaprovecharlo!!!

Así que hice el paseo de dos horas por la bahía de Guanabara en un hermoso barco. Desde el mar vimos el Cristo Redentor y el Pan de Azúcar, la fortaleza de Urca y la de Santa Cruz (que parece de película), el exótico museo de arte de Niteroi, el impresionante puente de 14 kms Río-Niteroi, la isla Fiscal, etc. Nos sirvieron deliciosas rodajas de ananá y sandía.

Luego tomé el subte en la estación de Glória hasta la famosa playa Copacabana (estación Cardeal Arcoverde). Antes de llegar a la playa comí algo con agua de coco. Cuando digo agua de coco, me refiero a que abrieron un coco y me dieron un sorbete para tomar el agua. Es muy refrescante.

copacabana_beach_by_elainn-d4duqh4Recorrí toda la playa de Copacabana, desde el Copacabana Palace Hotel -ahora Belmond Copacabana Palace– inaugurado en 1923 hasta el fuerte histórico (no entré al museo). Me desilusioné un poco porque el agua estaba helada y sólo metí los pies. Me habían dicho que no llevara nada de valor porque hay muchos robos. Especialmente de cámaras. Igual saqué algunas fotos, aunque con recelo y mucha paranoia. Lo más lindo de Copacabana es la rambla con su diseño ondulante.

Finalmente llegué a Ipanema y me enamoré de sus playas. Es el Río que uno imagina por las películas. Me quedé bastante en la playa, sentada en la arena sintiendo el olor verde marino. Ahí las olas son más altas de modo que había una competencia de surf.

Me ganó el calor y fui al museo de piedras preciosas. La verdad es que no es un museo sino un espectáculo de la empresa H. Stern para venderte alguna gema. Te hacen sentir culpable por no gastar ni siquiera mil dólares en un dije. Eso sí, te tratan como un príncipe. Claro que tanta adulación me puso nerviosa. De no ser por esto me hubiera gustado el recorrido. Tiene piedras hermosas. Descubrí el topacio imperial y la belleza del oro blanco. Casi todas las piedras llegan de Minas Gerais y dicen que encuentran diamantes puros en los lechos de los ríos. Igual, si quieren comprar alguna joya es el lugar indicado porque hacen descuento “de fábrica”.

Me encantó caminar por el barrio de Ipanema aunque no encontré ninguna confitería donde merendar.

Tomé el subte y bajé en Carioca para ir al cierre del congreso. Luego me di el gusto de tomar el té en un café histórico de Río: Casa Cavé.

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Playa de Ipanema

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