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Después de pasar unos días preciosos en Maldonado, mis amigas me llevaron en auto a Montevideo. Me dejaron en la terminal ya que iba a Colonia. No tenía pasaje. Hay dos empresas que hacen el trayecto Montevideo-Colonia, pero una había quitado un servicio. Eran las 18:30 hs y el primer micro salía a las 19:30 (COT), pero ¡no tenían pasaje con asiento! Creo que en Argentina no te venden pasaje sin asiento en larga distancia porque ir parado en la ruta es peligroso. Yo no quería esperar horas y horas en la terminal así que lo compré. Por suerte cayó una reserva y media hora después de haber partido pude sentarme. El viaje fue eterno porque paramos en TODOS lados (un carro lechero hubiera ido más rápido). Llegamos a Colonia a eso de las 22:40.

Yo había reservado un hotel para pasar la noche, el Hotel Romi. Lo más barato que encontré pero igual caro para el bolsillo argentino. La habitación era preciosa y el desayuno muy bueno. La ubicación es genial. Lo único malo es que la habitación estaba ubicada sobre la recepción y no era muy silenciosa para mi gusto. Además se escuchaba el motor de un lavarropas o algo así. El hotel cuenta con dispenser de agua y es muy limpio.

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Mi día libre en Colonia fue lluvioso. Tras desayunar recorrí el casco histórico. Almorcé una porción de tarta de pollo y champiñones con postre chajá que compré en una rotisería llamada Don Gato. Si no conocen el postre chajá ¡no saben la delicia que se pierden! Imaginen una bomba de bizcochuelo, merengue, crema y duraznos en almíbar… Acá encontré una receta por si no pueden viajar a Uruguay y quieren darse el gusto: receta de postre chajá.

Visité la feria de artesanos, me quedé un rato en la playa y luego fui al Acuario. Es pequeño pero entretenido. Aprendí muchas cosas que no sabía, especialmente acerca de los peces eléctricos y del sonido que emiten algunas especies. La “vieja del agua” es rarísima.

Fue un día tranquilo. A la noche volví a Buenos Aires. ¿Por qué no hice más cosas? Porque ya conocía Colonia puesto que viajé con una amiga en las vacaciones de invierno de 2010. Habíamos contratado el transporte + el hospedaje a través de la empresa Seacat.

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Volvamos a julio de 2010. Llegué temprano a la terminal de Puerto Madero para el Check In. 1er piso. detector de metales. Migraciones. Espera. Salimos a las 7:50 am. El viaje duró poco más de una hora. Nada. Si no fuera tan caro uno podría ir y venir tranquilamente.

Nos hospedamos en el hostel El Viajero que está en el casco histórico. Lo malo es que llegamos a eso de las 9 de la mañana y recién podíamos ir a la habitación a las 13hs. Dejamos los bolsos en depósito y fuimos a desayunar a Mercosur, una porquería cara. Los museos abrían a las 11:15 así que hicimos tiempo en el restaurant.

El costo de visita de los 8 museos es de $50 uruguayos por persona. La caja opera dentro de la recepción del Museo de Colonia (Municipal B. Rebuffo) todos los días.

El mejor museo para mi gusto es el Portugués, un edificio del siglo XVIII que da cuenta de la historia portuguesa de la ciudad. No tanto por la exposición sino por la construcción. Me encantan las ventanas de esas casas, con persianas de madera y misterio. Del museo Portugués corrimos a la Casa de Nacarello, que refleja la vida cotidiana del siglo XVIII. Nada muy especial aunque el dormitorio tenía su encanto.

De ahí fuimos al museo municipal Rebuffo, que mezcla salas dedicadas a la paleontología, la historia colonial y el pasado indígena. Fue lindo sentarnos un rato y escuchar la lluvia sobre el techo de chapa (sí, ¡cada vez que voy a Colonia llueve!). Por fin pudimos volver al hostel, nos dieron la hab. 15 al lado de la azotea. Muy tranquila y linda. Enseguida encendimos el calefactor. Prendimos la tele y almorzamos en la pieza. Yo comí unos sandwiches que había llevado de casa.

Descansamos un rato y salimos a visitar más museos. Empezamos por Archivo Histórico, también del siglo XVIII y seguimos por el museo del Azulejo que me hizo recordar el cuento de Mujica Lainez, “El hombrecito del azulejo“. Son todos museos muy pequeños, de una o dos salas.

Cerramos nuestra visita con el museo Indígena y su empinada escalera (lamentablemente el museo Español estaba cerrado). Fue muy interesante conocer la historia del charrúa Tacuambé.

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Merendamos en el hostel. Ya después del anochecer realizamos una recorrida nocturna y vimos cómo encendían los faroles. El agua sobre las piedras era mágica. Llegamos al convento en ruinas, convento San Francisco Javier que se incendió en el siglo XVIII. Una escena gótica de lluvia y ruinas. Era de película.

Abandonamos el casco histórico y compré ñoquis en la misma rotisería que utilicé en el viaje de este año. Ricos y caseros. Nos dormimos temprano.

No nombré el sitio más impactante de la ciudad: el fuerte. Si bien sólo queda una muralla, sigue siendo impresionante. La emblemática Puerta de Campo fue edificada en 1745 bajo el gobierno portugués y restaurada en 1970. El fuerte había sido una necesidad debido al constante ataque de piratas, ingleses y españoles.

NOTA
Horario de museos: 11.15 a 16.45 hs.
El bus turístico sale 25 dólares (me pareció muy caro, por eso no lo compré).
Hay depósito de equipajes en la terminal de micros, desde 30 a 100 pesos uruguayos.

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